martes, 13 de enero de 2015

llama de amor viva


¡Oh llama de amor viva
que tiernamente hieres
de mi alma en el más profundo centro!
Pues ya no eres esquiva
acaba ya si quieres,
¡rompe la tela de este dulce encuentro!
¡Oh cauterio2 süave! 
¡Oh regalada3 llaga! 
¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado 
que a vida eterna sabe 
y toda deuda paga! 
 Matando, muerte en vida has trocado4. 
¡Oh lámparas de fuego
 en cuyos resplandores
las profundas cavernas del sentido,
que estaba oscuro y ciego,
con extraños primores5
color y luz dan junto a su querido!
¡Cuán manso y amoroso
 recuerdas6 en mi seno
donde secretamente solo moras,
y en tu aspirar sabroso
de bien y gloria lleno,
cuán delicadamente me enamoras!


TEMA
El tema del poema es la unión mística con Dios, y también el amor que el poeta siente hacia él.
ESTRUCTURA EXTERNA
Métrica
          ¡Oh-lla-ma-de_am-or-vi-va       7 a
que-tier-na-men-te-hie-res      7 b
de-mi-al-ma_en-el-más-pro-fun-do-cen-tro!      11 C
Pues-ya-no_e-res-es-qui-va     7 a
a-ca-ba-ya-si-quie-res,             7 b
¡rom-pe-la-te-la-de_es-te-dul-ce_en-cuen-tro!     11 C
Como podemos observar, el poema consta de cuatro estrofas de seis versos con estructura de lira, es decir, dos versos de siete sílabas combinados con uno de once sílabas, con una rima consonante de: a-b-C-a-b-C-d-e-F-d-e-F… y así sucesivamente.
 
ESTRUCTURA INTERNA
En la primera estrofa.
El poeta pide a Dios que finalmente rompa la barrera entre lo divino y lo terrenal y le permita unirse con él (“¡rompe la tela de este dulce encuentro!”),  diciéndole que la misma llama de su amor le está hiriendo (no de una manera dolorosa, sino tiernamente) y que ya está preparado para unirse con él.

El poema y el comentario de la Llama de amor viva fueron compuestos por Juan de la Cruz en el convento de los mártires de Granada, en 1584 (o 1585), mientras era vicario provincial de Andalucía. Fueron escritos en quince días, a petición de Ana de Peñalosa, una de sus hijas espirituales preferidas. Hubo un poco más tarde una segunda redacción, ligeramente aumentada, pero los dos textos se sitúan después de la Subida del Monte Carmelo, de la Noche oscura y de la primera versión del Cántico espiritual.
Según el mismo Juan de la Cruz, las cuatro estrofas de su poema se inspiran, respecto a su estructura, en un poema de Garcilaso: la soledad siguiendo… En cuanto al comentario, toma pronto el paso de una confidencia libre. San Juan de la Cruz, sin la menor duda, tenía a su destinataria presente en la mente cuando lo escribió. La Llama es la última gran obra de San Juan de la Cruz y expresa la cumbre de su experiencia. Descubrimos en ella un aspecto poco conocido de su personalidad: el polemista que echa la culpa a todos los seudo-guías espirituales. Contra ellos, que a veces tutea agriamente, reafirma fuertemente la prioridad de la acción de la gracia y de la contemplación divina sobre la acción, la obra y la meditación humana. Mas, que se trate de exposición mística o de pedagogía espiritual, la Llama  de amor viva ha sido escrita en la pasión y la llama del amor, como  San Juan de la Cruz mismo lo hace entender en su prólogo.

oda XIII morada del cielo

Alma región luciente,
prado de bienandanza, que ni al hielo
ni con el rayo ardiente
fallece; fértil suelo,
producidor eterno de consuelo:

de púrpura y de nieve
florida, la cabeza coronado,
y dulces pastos mueve,
sin honda ni cayado,
el Buen Pastor en ti su hato amado.

Él va, y en pos dichosas
le siguen sus ovejas, do las pace
con inmortales rosas,
con flor que siempre nace
y cuanto más se goza más renace.

Y dentro a la montaña
del alto bien las guía; ya en la vena
del gozo fiel las baña,
y les da mesa llena,
pastor y pasto él solo, y suerte buena.

Y de su esfera, cuando
la cumbre toca, altísimo subido,
el sol, él sesteando,
de su hato ceñido,
con dulce son deleita el santo oído.

Toca el rabel sonoro,
y el inmortal dulzor al alma pasa,
con que envilece el oro,
y ardiendo se traspasa
y lanza en aquel bien libre de tasa.

¡Oh, son! ¡Oh, voz! Siquiera
pequeña parte alguna decendiese
en mi sentido, y fuera
de sí la alma pusiese
y toda en ti, ¡oh, Amor!, la convirtiese,

conocería dónde
sesteas, dulce Esposo, y, desatada
de esta prisión adonde
padece, a tu manada
viviera junta, sin vagar errada.





Se trata de una lira, estrofas de cinco versos con esquema métrico 7a11B7a7b11B
- TEMA DEL POEMA: ASCÉTICA DE FRAY LUIS. BUSCA EL AUTOR LIBERAR AL ALMA DE LO MUNDANO Y LO ORDINARIO DONDE ESTA PRESA Y ALCANZAR LA PAZ ESPIRITUAL A TRAVÉS DE LA MÚSICA. FRAY LUIS DE LEÓN BUSCA MEDIANTE LA MÚSICA PODER LLEGAR A LA ARMONÍA CON DIOS.


- Esa música que desea aprehender entra en el alma y ayuda a elevarla hacia lo más alto.

- Metáfora general: el alcance de esta perfección, belleza y bondad a la que aspira el alma es igualado al ascenso hacia la cumbre de una montaña, enmarcando la acción en una naturaleza idealizada (recurso típico renacentista) en la que hay un pastor guía (DIOS), un entorno perfecto (pastos verdes, flores, fértil suelo) y unas ovejas (almas) a quien el pastor guía hacia la cumbre de la montaña (liberación almas mundano) y allí alimenta y satisface (alcance de la paz espiritual y la bondad perseguidas)

oda XI el ocio santo


Recoge ya en el seno
el campo su hermosura, el cielo aoja
con luz triste el ameno
verdor, y hoja a hoja
las cimas de los árboles despoja.
Ya Febo inclina el paso
al resplandor egeo; ya del día
las horas corta escaso;
ya Éolo al mediodía,
soplando espesas nubes nos envía;
ya el ave vengadora
del Íbico1 navega los nublados
y con voz ronca llora,
y, el yugo al cuello atados,
los bueyes van rompiendo los sembrados.
El tiempo nos convida
a los estudios nobles, y la fama,
Grial, a la subida
del sacro monte llama,
do no podrá subir la postrer llama;
alarga el bien guiado
paso y la cuesta vence y solo gana
la cumbre del collado2
y, do más pura mana
la fuente, satisfaz tu ardiente gana;
no cures si el perdido
error admira el oro y va sediento
en pos de un bien fingido,
que no ansí vuela el viento,
cuanto es fugaz y vano aquel contento;
escribe lo que Febo
te dicta favorable, que lo antiguo
iguala y pasa el nuevo
estilo; y, caro3 amigo,
no esperes que podré atener contigo,
que yo, de un torbellino
traidor acometido y derrocado
del medio del camino
al hondo, el plectro amado
y del vuelo las alas he quebrado.

Se trata de la segunda oda dedicada a Juan de Grial, conocido estudioso, editor de las obras de san Isidoro, comentarista de Lucrecio y Virgilio. Impelido por un sentimiento de amistad, Fray Luis se dirige a Grial, compañero y poeta, para describir el cambio de estaciones entre el otoño y el invierno, propicio a los “estudios nobles” (versos 1 a 15), y para exhortarle a desentenderse de las preocupaciones materiales y emprender la subida al monte de las Musas (Monte Parnaso), dejándose llevar por lo que Febo (apodo de Apolo, dios, entre otros aspectos, del sol y de la poesía) “le dicta favorable (versos 16 a 35); en cuyo ascenso, sin embargo, no le acompañará, ya que un “torbellino traidor” ha roto su lira (versos 36 a 40).

vida retirada


ODA A LA VIDA RETIRADA
¡Qué descansada vida
la del que huye del mundanal ruïdo,
y sigue la escondida
senda por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido;
que no le enturbia el pecho1
de los soberbios grandes el estado,
ni del dorado techo
se admira, fabricado
del sabio moro2, en jaspes sustentado!
No cura3 si la fama
canta con voz su nombre pregonera,
ni cura ni encarama4
la lengua lisonjera
lo que condena la verdad sincera.
¿Qué presta5 a mi contento
si soy del vano dedo señalado;
si en busca de este viento6
ando desalentado,
con ansias vivas, con mortal cuidado7?
¡Oh monte, oh fuente, oh río!8
¡Oh secreto seguro, deleitoso!
Roto casi el navío9,
a vuestro almo10 reposo
huyo de aqueste mar tempestuoso.
Un no rompido11 sueño,
un día puro, alegre, libre quiero;
no quiero ver el ceño
vanamente severo
de a quien la sangre ensalza o el dinero.
Despiértenme las aves
con su cantar sabroso no aprendido;
no los cuidados graves
de que es siempre seguido
el que al ajeno arbitrio12 está atendido.
Vivir quiero conmigo,
gozar quiero del bien que debo al cielo,
a solas, sin testigo,
libre de amor, de celo,
de odio, de esperanzas, de recelo.
Del monte en la ladera,
por mi mano plantado tengo un huerto,
que con la primavera,
de bella flor cubierto,
ya muestra en esperanza13 fruto cierto;
y, como codiciosa
por ver y acrecentar su hermosura14,
desde la cumbre airosa
una fontana pura
hasta llegar corriendo se apresura;
y luego, sosegada,
el paso entre los árboles torciendo,
el suelo de pasada,
de verdura vistiendo,
y con diversas flores va esparciendo.
El aire el huerto orea
y ofrece mil olores al sentido;
los árboles menea
con un manso ruïdo
que del oro y del cetro15 pone olvido.
Ténganse su tesoro
los que de un falso leño16 se confían;
no es mío17 ver el lloro
de los que desconfían
cuando el cierzo y el ábrego porfían18.
La combatida antena19
cruje, y en ciega noche el claro día
se torna; al cielo suena
confusa vocería,
y la mar enriquecen a porfía20.
A mí una pobrecilla
mesa, de amable paz bien abastada21,
me basta; y la vajilla
de fino oro labrada,
sea de quien la mar no teme airada.
Y mientras miserable-22
mente se están los otros abrasando
con sed insacïable
del peligroso mando23,
tendido yo a la sombra esté cantando;
a la sombra tendido,
de hiedra y lauro eterno coronado,
puesto el atento oído
al son dulce, acordado24,
del plectro25 sabiamente meneado.



Determinación del tema
Asunto o argumento: El autor comienza con un elogio a la vida retirada y el desprecio por las pompas  humanas y el ansia de fama, busca la tranquilidad, y quiere vivir en armonía con la naturaleza, disfrutando de ella. Es para otros la riqueza y el poder, a él lo que le atrae es la vida sencilla y los simples placeres que le depara la naturaleza.
Tema: La apacibilidad de la vida sencilla en contacto con la naturaleza.
Determinación de la estructura
En primer lugar, la Oda I está compuesta por 17 liras, estrofa compuesta por versos heptasílabos, de arte menor (1a, 3a y 4b), y endecasílabos, de arte mayor (2B y 5B), cuya estructura es aBabB; la rima es consonante.
En segundo lugar, podemos considerar el poema dividido en tres partes



cancion v ode ad florem gnido


Canción V
Oda ad florem gnidi
Si de mi baja lira
tanto pudiese el son que en un momento
aplacase la ira
del animoso viento
y la furia del mar y el movimiento,                   5
y en ásperas montañas
con el süave canto enterneciese
las fieras alimañas,
los árboles moviese
y al son confusamente los trujiese:                   10
no pienses que cantado
sería de mí, hermosa flor de Gnido,
el fiero Marte airado,
a muerte convertido,
de polvo y sangre y de sudor teñido,                15
ni aquellos capitanes
en las sublimes ruedas colocados,
por quien los alemanes,
el fiero cuello atados,
y los franceses van domesticados;                    20
mas solamente aquella
fuerza de tu beldad seria cantada,
y alguna vez con ella
también seria notada
el aspereza de que estás armada,                     25
y cómo por ti sola
y por tu gran valor y hermosura,
convertido en vïola,
llora su desventura
el miserable amante en tu figura.                     30
Hablo d’aquel cativo
de quien tener se debe más cuidado,
que ’stá muriendo vivo,
al remo condenado,
en la concha de Venus amarrado.                     35
[...]

Tema: si fuera capaz de cantar a tu belleza.
La lira se restringe a un ámbito muy limitado, que es el de expresar sentimientos líricos. De hecho, la palabra lírica viene de “lira”. El esquema es 7a 11B 7a 7b 11B.
La traducción de las cinco estrofas sería algo así:
Si pudiese aplacar cantando toda violencia (est. 1 y 2), no pienses que por mí sería cantada una serie de afortunados hechos (est. 3 y 4), sino que habría cantado a la fuerza de tu beldad, que además va armada de aspereza (v. 5).
O bien, más cercanamente:
Si cantando pudiese pacificar todo lo violento, no sería objeto de atención el resultado del canto, sino la violenta fuerza de tu belleza.
(La mujer en cuestión debía ser tan atractiva como temperamental, si creemos a Garcilaso.)


soneto X


SONETO X
¡Oh /dul/ces/pren/das/ por/ mi/ mal/ ha/lla/das, 11A
dul/ces/ y a/le/gres/ cuan/do/ Dios/ que/rí/a, 11B
jun/tas/ es/táis/ en/ la/ me/mo/ria/ mí/a 11B
y/ con/ e/lla en/ mi/ muer/te/ con/ju/ra/das! 11A

¿Quién/ me/ di/je/ra/, cuan/do/ las/ pa/sa/das 11A
ho/ras/ qu'en/ tan/to/ bien /por/ vos/ me/ ví/a, 11B
que /me ha/bia/des/ de/ ser/ en/ al/gún/ dí/a 11B
con/ tan/ gra/ve/ do/lor/ re/pre/sen/ta/das?11A

Pues/ en/ u/na ho/ra/ jun/to/ me/ lle/vas/tes 11C
to/do el/ bien/ que/ por/ tér/mi/nos/ me/ dis/tes, 11D
lle/vá/me/ jun/to el/ mal/ que/ me/ de/jas/tes; 11C

Si/ no/, sos/pe/cha/ré/ que/ me pu/sis/tes 11D
en/ tan/tos/ bien/es/ por/que/ de/se/as/tes 11C
ver/me/ mo/rir/ en/tre/ me/mo/rias tris/tes. 11D

Éste soneto está compuesto por 14 versos de arte mayor (11 sílabas), dos cuartetos y dos tercetos. Estos versos riman en consonante de la siguiente manera: ABBA; ABBA; CDC y DCD. Garcilaso compuso el soneto X con una acentuación rítmica de tipo sáfico (acentos en 4.ª, 8.ª) en los dos primeros cuartetos, pero el juego rítmico se complica en los tercetos, donde Garcilaso utiliza ritmos heroicos (versos 11 y 12) y finaliza con el ritmo sáfico con el que empieza el soneto.
El tema es el dolor que siente el poeta al ver unas prendas de su amada que antes le causaban alegría y ahora su amada esta muerta y le causan dolor. La temática de este soneto está dividida en tres partes. La primera parte corresponde al primer cuarteto del soneto, dónde Garcilaso habla sobre las prendas de su amada, y explica cómo tiempo atrás le causaron gran placer y alegría, este mismo acaba haciendo hincapié en que ahora las prendas que tanto placer le causaron ahora le causan dolor.
La segunda parte corresponde al segundo cuarteto en este Garcilaso hace una pregunta retórica que transmite su sorpresa ante el dolor que las prendas de su amada le causan en ausencia de ésta (Isabel Freyre, amor platónico de Garcilaso, que murió, este poema está dirigido alegóricamente a ella.
La tercera y última parte corresponde a los dos tercetos, en esta parte Garcilaso nos cuenta el dolor que le causa recordar a la amada ausente.